diumenge, 22 de març del 2009

Pediatría e intrusismo

Nunca me había planteado el auténtico papel que juegan en nuestra sociedad los pediatras, los médicos de familia y (en menor medida) los farmacéuticos. A raíz de nacer Saïda empecé a descubrir la desactualización de muchísimos pediatras (según experiencia personal, el 90%, pero no manejo cifras como para afirmar nada con la boca muy grande) en cuanto a alimentación infantil y especialmente lactancia. En seguida me di cuenta de que no tenían la más mínima idea de cómo se desarrolla, maneja y apoya la lactancia materna, y no sólo no lo reconocen sino que malaconsejan, ordenan y sientan cátedra, tratando a las madres con autoritarismo. Y a mucha gente le está bien así, el médico es como un ser humano superior a nosotros que juega en una división del conocimiento superior. Es aquel que nos orienta sobre cómo educar, amamantar, alimentar, higienizar y hacer dormir a nuestros hijos.
Mi primera reacción fue la rabia... cambié varias veces de pediatra, harta del paternalismo, harta de los consejos destruyelactancias que yo sabía que eran erróneos, harta de que sus instrucciones se nutriesen de mitología popular, incultura, desinterés por la formación continua y demasiada influencia de los visitadores médicos.
Después me he dado cuenta de que la culpa también es nuestra, de todos. Hemos elevado a ese altar a los médicos, hemos puesto nuestra vida en sus manos de tal manera que nuestro farmacéutico nos aconseja sobre el mejor juguete para nuestro bebé, el médico de cabecera nos impone dietas sin ser nutricionista ni endocrino, y el pediatra es el gurú de la maternidad que nos vigila revisión a revisión para que no seamos malos padres. Nos realizan incluso cuestionarios para detectar malos hábitos, maltrato, etc. Y nosotros lo permitimos, no nos planteamos que ese profesional, que sí que es perfectamente competente en lo que se refiere a patologías infantiles, no es nutricinista, ni pedagogo, ni psicólogo, ni consultor en lactancia materna, ni maestro, ni policía ni juez de madres. Y aunque fuese un superhombre con todas esas titulaciones no podría ejercer de todas ellas en una visita mensual de 5 minutos raspaditos.
Pero no sólo es culpa nuestra pretender poner las decisiones en sus manos y no buscar nuestro camino, informarnos por nuestra cuenta y, en cierto modo, disculparnos de nuestra olbigación de averiguar lo que necesita nuestro hijo en lugar de permitir que un desconocido nos lo comunique.
También es culpa de los pediatras que asumen ese rol sin ruborizarse, olvidando que en su carrera no les prepararon para esas funciones. Todavía quiero que un pediatra me diga "mira, es hora de empezar la AC, te recomiendo x libro de x nutricionista"... o "ha cogido poco peso este mes, por qué no acudes a x profesional de lactancia para verificar si ocurre algo"... o "si no duerme como tú esperabas, quizá puedas informarte con x especialista en sueño infantil" (pero que lo sea de verdad, por favor! que no copie métodos extranjeros poniéndoles su nombre).
Realmente este texto no es más que mi ejercicio del derecho al pataleo. No sé cómo se cambia esta tendencia, cómo se puede hacer que las madres no pongan fe ciega en un médico para meterse en temas que no le competen, ni qué debería hacerse para que los pediatras empiecen a asumir que hay cosas que no les corresponden, y que mejor remitir a las madres a otros especialistas en lugar de asumir ese rol omnipotente y meter la pata.