dimecres, 25 de febrer del 2009

Cuando descubrí que estaba embarazada entré en un estado de euforia indescriptible. Llevábamos muchos meses intentándolo y el positivo no llegaba nunca. Mi ginecólogo rehusó hacerme pruebas, según él no me quedaba por lo gorda que estaba, me indicó que perdiese 20Kg y que si seguía sin preñarme ya me haría pruebas.
Cambié de ginecólogo, me hizo pruebas y descubrimos que por determinadas circumstancias me costaría más de lo normal, así que me recetó paciencia.
En fin, después de tanta búsqueda llegó la increíble noticia. No podía esperar a contarlo, nunca me había sentido tan feliz (a pesar del vértigo creo que bastante razonable). Estaba deseando compartirlo con todo el mundo y di por sentado que todos se alegrarían por nosotros. Craso error. Muchos ni se alegraron, ni compartieron nada ni en ese momento ni nunca más. La mayoría de las personas que consideraba de nuestro círculo más íntimo no llegaron ni a verme con barriga... tuve un embarazo duro, estuve muchos meses encerrada en casa, atenazada por el miedo, creyendo que perdía a mi bebé y no recibí ningún apoyo por parte de esas personas, y yo tenía demasiado orgullo como para explicarles lo que sentía o pedirles la ayuda que necesitaba. Culpa de todos, pues. Lo cierto es que yo percibía que algunos incluso hubieran preferido que la perdiese (digo percibía, a saber si era verdad) y no quería mostrarme débil ante ellos.
Sea como sea las cosas tampoco cambiaron cuando tuve la horrible experiencia mediante la cual me la sacaron, viví algo horrible y en aquel momento pensé que saldría de ello contándolo y asumiéndolo pero lo cierto es que ninguna de esas personas querría oírlo hoy. Creo que las tantas cosas que yo creía que compartiríamos se han perdido para siempre. Yo pensaba que mi hija sería tan apreciada como yo por las personas que yo quería, porque es una parte de mí indivisible, y de alguna manera se convirtió en algo de mí que no gusta. No sé si es ella como individuo o si es por el hecho de que ella esté mucho antes que cualquier otra persona en el mundo, pero siento que para algunas personas es un obstáculo. Por suerte ella está antes que todo eso, y ocupa un espacio tan grande en mi mente que todo lo demás está involuntariamente en un segundo plano y supongo que eso me evita un chasco mayor.
Como todas las malas experiencias tienen algo bueno, también he descubierto que algunas personas valen mucho. Tengo un compañero vital que es antes que nada mi mejor amigo, un apoyo de valor incalculable y que aunque a veces no me comprenda siempre me respalda. Si no fuera por él habría perdido la chaveta. También tengo una hija que me agota y a la vez me hace consciente de la fuerza que tengo, que me enseña a exprimir cada segundo y que me descubre otra dimensión de las cosas que antes no conocía. Ser madre es como volver a ver la película de tu vida desde otro ángulo, es un ejercicio emocional y mental que no podría ni haber imaginado.
Y también he descubierto que hay personas que me quieren mucho más de lo que yo creía, que tengo apoyos donde no lo hubiera esperado y que no estoy sola ni mucho menos... No quiero que este post deje la sensación de que tengo un sentimiento de pérdida porque para nada es así, estoy muy satisfecha con la vida que tengo ahora mismo, a pesar de que haya cosas que no me gusten, pero podría decir que estoy en equilibrio. Y si tuve que pasar una mala, malísima temporada para llegar a este punto, pues estuvo bien empleado.