Recuerdo la segunda vez en mi vida que vi a alguien dando de mamar como si fuese ayer )la primera fue mi madre a mi hermana... pero destetó a las pocas semanas).
Fue en el año 2001, yo iba sentada en la línea 3 del metro, venía del Campus Mundet a mediodía (por aquel entonces estudiaba allí). Sentada a pocos metros, una mujer daba el pecho a un bebé no muy mayor (tendría entre 6 y 12 meses). Me impactó totalmente... me pareció tan increíble, tan fuera de lugar, chocante... alguien como yo, que he odiado mi pecho toda mi vida, no podía explicarse cómo aquella mujer podía tener un pecho fuera en público, por qué no le daba en otro momento, si no tendría vergüenza... No tenía ni idea de lo que era un bebé ni menos aún la lactancia, y concentré mis esfuerzos en no mirar.
La tercera vez que vi a alguien dar el pecho fue en la sala de espera de Mare Nostrum... M estaba alimentando a su bebé dentro de un pouch y Saïda tenía 6 días. No es raro que acudiese allí con el pecho herido y ni idea de cómo ponerme a la niña, no tenía experiencia ni modelos y las fotos de modelos con minipechos de pasarela y bebés estáticos eran difíciles de reproducir con mi pecho enorme, dolorido, mi abdomen rajado, mis grapas, el dolor lacerante y un bebé llorando que no parecía saciarse nunca.
Sí, tardé otros 7 años en ver a alguien dar el pecho. No estaba del todo equivocada cuando lo juzgué de inverosímil e increíble. Dar el pecho es raro, pero seguir haciéndolo lo es aún más.
Y aquí seguimos nosotras, camino del año de lactancia materna.
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