Es lo que ahora dicen que tengo...
Ayer estaba comiendo tranquilamente con mis padres y mi hermana (es decir, que ni me estaba moviendo, ni estaba alterada ni hacía esfuerzos) cuando sin previo aviso volvieron a empezar las contracciones. Terminé de comer no sé cómo, disimulando porque me sabía mal interrumpir (era el cumpleaños de mi hermana, aunque ella se levantó de la mesa para irse a chatear, la verdad), y me fui al sofá... fui mirando el reloj y ya me di cuenta de que eran regulares y cada diez minutos, y cada una peor que la anterior... cuando no pude más me puse a llorar, en parte de dolor y en parte de rabia, de impotencia y de desesperación... es un dolor que no se calma con nada y que no sabes cuándo va a terminar, del mismo modo que no sabes cuál va a ser la última.
Al cabo de una hora y viendo que la frecuencia subía fuimos al hospital. Allí me tuvieron una hora en una habitación monitorizando el latido fetal y las contracciones... siguieron apareciendo, esta vez cada 7 y luego cada 5 minutos, hasta que de repente dejaron de sucederse tal y como aparecieron: sin razón alguna.
Me repitieron el análisis de orina, en el cual no se vió ninguna infección, y el inevitable tacto. El cuello de útero almenos no ha ido a peor.
Según la ginecóloga tengo el útero irritable, lo que significa que cualquier nimiedad puede desencadenar las contracciones, del mismo modo que si tengo un buen día puedo dar un paseo y que no me pase nada. Aún así me han indicado que no camine mucho, no haga esfuerzos, etc... y que no vaya a urgencias cada vez que tenga contracciones porque en tal caso ya me advierte de que iré cada dos por tres; únicamente debo ir si las contracciones son rítmicas y cada diez minutos o menos (vaya, ya es lo que hacía).
Así que aquí estoy aguantando el dolor que me queda por todo el abdomen y la espalda después de episodios así, y temiéndome que esto va a ser el pan de cada día hasta que nazca la niña.
El próximo lo adopto.
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