He descubierto el catalizador instantáneo del síndrome de Stendhal.
La puerta a ese otro mundo se esconde entre los rizos de Saïda.
La abrazo, hundo la nariz en su cabellera, cierro los ojos... aspiro el aroma a leche, sudor y vida y su energía me manda a ese mundo secreto de una patada. Me encanta ser la única que tiene la llave...
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